Pareció un partido de Mundial. Entrega total, desorden, nerviosismo y desorientación a ratos, y un final inesperado. Inesperado porque empezó ganando Surinam, que fue mejor y tuvo llegadas más claras al inicio, pero terminó con victoria de Bolivia, que mostró ese toque fino que ya se está convirtiendo en una identidad del equipo de Óscar Villegas.
Del sufrimiento a la alegría. Del piso al salto con gran altura. El país, que esperó con mucha esperanza este partido, debió sentir un golpe duro en el corazón cuando el rival, en una jugada confusa y enredada en la puerta del arco de Guillermo Viscarra, rompió el cero. Ese rato otra vez aparecieron los fantasmas del pasado, de frases recurrentes tipo “jugamos como nunca y perdemos como siempre” y otras…
Pero este grupo de jóvenes tiene una mentalidad diferente y en eso tiene mucho que ver el técnico. Ya nos pasó en Santiago de Chile. El equipo puede sufrir un revés, pero no desmaya y, lo más importante, no pierde su línea de juego, su propuesta. Bolivia tiene buen pie, hay técnica y buen trato del balón. A ratos no funciona cuando falta dinámica, pero reacciona y cuando acelera, toca y presiona, es peligroso y genera gol.
Alegra la sangre nueva. Moisés Paniagua (18 años) entró sobre el final y marcó. Otro aporte positivo, pese a la edad: Juan Godoy (32), movedizo y rápido arriba, “fabricó” el penal que Miguel Terceros cambió por gol. Acertado en los cambios Villegas.
Pero es injusto hablar de algunos. La selección fue un equipo de esfuerzo. Desde Viscarra hasta el ataque. Todos dejaron el alma en cancha. A ratos no funcionó el planteamiento, sin embargo, a ratos también brilló.
El rival no fue de gran jerarquía, pero con fuerza, velocidad y remates certeros estuvo a punto de ganar. Viscarra le dijo no. Al final, se vio superado por Bolivia y terminó golpeando, nervioso y desesperado.
Ya se dio el primer paso de dos. El segundo será más difícil (con Irak el 31, también en México). Hoy a celebrar y mañana a trabajar. Se cumplió la mitad del objetivo. Es para festejar. Además, el país necesita esta clase de alegrías. Qué lindo fue ver gente boliviana en el estadio de Monterrey y miles de bolivianos en las calles de distintas ciudades del país celebrando con la tricolor en alto. Parece ser un buen presagio. Esperemos que así sea y que la ilusión siga intacta.
Gustavo Cortez es periodista, colaborador de PREMIUM.
















































