Bolivia no logró meterse en su segundo Mundial por mérito deportivo y se quedó en el camino dejando más pena que gloria. Un equipo sin juego se pasó la noche en poder de la pelota y tirando centros, así fue un regalo para la defensa de Irak.
Óscar Villegas sorprendió con el equipo inicial, Paniagua y Godoy fueron titulares, al primero lo salvó el gol del empate transitorio y el segundo naufragó en un equipo sin ideas.
Una vez más Miguelito fue el que intentó ponerse el equipo al hombro, pero no lo consiguió debido a la estricta marca que ejercitó el rival. El resto de los llamados a aparecer: Ramiro Vaca, Robson Matheus y Gabriel Villamil repitieron un flojo desempeño.
No fue el once inicial, tampoco fueron los cambios; fue la ausencia de ideas. Las múltiples maneras de jugar anunciadas por Villegas antes del juego no aparecieron, tener el dominio de la pelota durante gran parte del partido no sirvió de nada.
Los suplentes esta vez no fueron solución, entonces, ni Lucas Macazaga que ingresó por Medina lesionado y mucho menos Fernando Nava, quien reemplazó a Ramiro Vaca ofrecieron algo diferente, el equipo no reaccionó nunca. Ni siquiera con Monteiro que se sumó a Godoy en el área rival, Bolivia pudo acercarse al menos al empate.
No prometieron Mundial y cumplieron, aunque ilusionaron hasta el último. Habrá que reconocer que la renovación del equipo está hecha.
Una nueva frustración está anotada y duele, golpea. Seamos capaces de mirarnos al espejo y reconocer que hay mucho por cambiar en nuestro fútbol, tal vez así un día sepamos qué hacer cuando el rival nos “regale” la pelota.
Marco Tarifa es periodista, director de El Equipo Deportivo
















































