El equipo de Villegas sigue alimentando su sueño mundialista y ante Surinam se aferró con todas sus fuerzas a esa posibilidad. El plantel respondió bien, incluso cuando le tocó estar abajo en el marcador.
Bolivia es un enfermo con fe, un paciente que tiene los huesos quebrados, piernas débiles y una ceguera que le impide ver con claridad la realidad. Pese a eso cree en su salvación. Ni siquiera el gol tempranero de Surinam en el inicio del segundo tiempo pudo tumbar a un equipo y a un técnico que tardaron en reaccionar.
Los ingresos de Paniagua y Godoy tuvieron en ambos casos una respuesta favorable. Moisés marcó el gol del empate y el “paragua” naturalizado boliviano fue protagonista en la jugada del penal que ejecutó Terceros, dándonos la victoria y el pasaporte al juego decisivo con Irak.
El enfermo tiene dañados varios órganos de su cuerpo, aunque desde su optimismo cree que no es nada, que todo funciona correctamente, piensa que con un par de aspirinas el asunto está solucionado: “Gracias también a nuestros detractores”, declaró eufórico el titular de la FBF tras la victoria ante Surinam. A Bolivia le espera, el martes a las once de la noche, el duelo final.
Mi ranking de rendimientos tiene a Efraín Morales en lo más alto, se las arregló con éxito con los corpulentos hombres de ataque de Surinam. La medalla de plata se la queda Diego Medina, y la de bronce se la entrego y con gusto a Óscar Villegas, porque el rendimiento del equipo estuvo a la altura y en los cambios se notó la mano del entrenador.
La selección demostró en este recorrido eliminatorio que quiere ir al Mundial, se dice que querer es poder y está claro que, jugando así, con el corazón en la mano, todo es posible.

















































