Una caída dolorosa. Sí, dolió perder jugando así. Irak fue práctico y contundente. Aprovechó dos errores y selló el último pasaje al Mundial 2026. Bolivia jugó mejor y tuvo más el balón, volvió a tocar bien e hizo un despliegue al extremo. Por eso dolió la caída. Pero no es para llorar, es para levantar cabeza, mirar al frente y seguir adelante, porque este equipo sí tiene base y ahora se puede soñar con pelear en las próximas eliminatorias. Hay equipo para competir.
Dolió porque todo un país se cargó de energía para este Repechaje y la selección cumplió en el campo de juego. Lástima el haber desperdiciado el inicio de las Eliminatorias con dos técnicos (Gustavo Costas y Carlos Zago) cómodos, desinteresados y desubicados para armar un equipo que levantó del suelo Óscar Villegas y revivió la ilusión de la clasificación.
Bolivia es un país futbolero y no debe ahogarse en la frustración. Hoy ya hay materia gris y sólo hay que trabajar, pero trabajar con seriedad, con proyección y bajo la idea de fútbol que tiene Villegas, que demostró que con gente joven se puede subir peldaños en el fútbol internacional.
En estos dos años previos a la próxima etapa premundialista hay que seguir el camino que marcó este grupo humano, que tiene carácter, técnica y nueva mentalidad. Hay errores que se deben corregir, pero eso es parte de los procesos en el fútbol. Nos faltó más rodaje y eso se puede realimentar trabajando y jugando todo lo que se pueda.
De las caídas se aprende y de las caídas también se fortalece la idea a futuro. Uno puede encontrar errores en el partido con Irak. El centro para el primer gol del rival era para la salida de Guillermo Viscarra y la distracción de la zaga para el segundo es otro tema pendiente a refaccionar porque el rival no duerme y con rapidez llega al gol con facilidad.
Sería injusto, muy injusto, encontrar culpables. Esta selección nos llenó de fútbol los ojos y de orgullo el corazón. Todos cumplieron su rol. Nadie puede cuestionar. Se perdió, sí, se perdió y se cayó la ilusión que había crecido en el país como una bola de nieve. Pero no es para llorar, es para fortalecer el espíritu luchador que tiene esta nueva selección.
Hubiese sido lindo ver a este grupo en el Mundial. No se dio, pero se puede soñar y con base y fundamento construir una nueva ilusión. Este equipo da para ilusionarse, por eso el proyecto que hay para el 2030 no se debe resentir ni perforar por ningún motivo. Ahí está el nuevo desafío verde.
Gustavo Cortez Calla es periodista.

















































