Vimos rodar la pelota a más velocidad, las canchas impecables y un mejorado estado físico de las selecciones que ha permitido a los equipos ser más intensos, dinámicos y una buena parte de ellos, vistosos en su juego.
África mejora tanto que no es solo Marruecos o Senegal. Cabo Verde dio un par de batacazos. A Africa ya le alcanza para repartir jugadores en otras selecciones incluso más poderosas, los descendientes de ese origen crecen en número y ocupan lugares en los combinados más poderosos. Asiáticos y árabes también progresan, en ambos casos les falta creer en ese crecimiento. Europa manda, sus selecciones en cantidad y calidad destacan en la cita. A Sudamérica solo le queda cruzar los dedos por Argentina y encontrar consuelo en el esfuerzo colombiano, el resto no está a la altura, incluidas Brasil y Uruguay.
Lionel Messi y Kylian Mbappé han vuelto a ser los mejores, los diferentes, los más decisivos para sus selecciones. Haaland y Kean son sinónimo de gol también. Por carácter, los centrales de Argentina: Romero y Martínez están entre los mejores, el marroquí Hakimi o el colombiano Muñoz han dejado huella, ni qué decir del caboverdiano Vozinha, el golero al borde del retiro, quien se las arregló para destacar y reverdecer su carrera. Con 40 años ya firmó para el Betis. Es natural dejarles lugar bien ganado a Haaland y Kane por sus goles.
Dejo anotados también nombres como el del noruego Odegar, un futbolista de rendimiento espectacular, un “todocampista” genial. Me entretuve cada vez que le entregaban la pelota o él la recuperaba. El mexicano Mora, quien con 17 años mostró que pronto su talento lo convertirá en un jugador mundial.
En la otra vereda están las grandes decepciones empezando por Alemania, Brasil, Uruguay y Países Bajos, además de Turquía. En la misma lista caben Cristiano Ronaldo, Vinicius Junior, Arda Güiler e incluso Lamine Yamal.
Claro, la mayor decepción ha sido la FIFA y su jefe Infantino que permitieron que el Mundial se contamine con la intervención de Donald Trump en la anulación de la tarjeta roja a Balogum, el delantero debía perderse el juego ante Bélgica, pero el poder del gobierno de Estados Unidos, uno de los países sede del evento, lo hizo jugar.
Mi otra mirada me lleva a preguntar: Qué te hicieron fútbol… no solo que ahora duras más de 100 sino que hasta te han partido en cuatro, no te reconozco.
Te cobran fuera de juego y te anulan un gol por la sombra, te dicen la tecnología. Te cobran faltas que en otros tiempos no eran nada. Qué te hicieron fútbol…
Las manos. A un genio se le ocurrió cobrar todas las manos, luego complicaron todo si la pelota viene de un rebote, si tiene dirección de arco, nos metieron un su laberinto. Si atienden a un jugador lesionado en el campo de juego debes ir un minuto fuera de la cancha, como si no hubiese sido suficiente castigo el golpe que le dieron. Tiro de esquina ante la demora del golero y hasta una roja por hablar con la boca cubierta.
Olvidaron rápido que la intencionalidad es el principio de todo, también dejaron de lado que el fútbol es un deporte de contacto, entonces estamos expuestos a ver en cada juego el show del VAR, que ha convertido a la cancha de fútbol en una pista de “bailarinas”, no se puede rozar a un rival. Y los estadios están convertidos en salas de cine con pantallas por todo lado.
No dirige el árbitro, lo hace el VAR. Te cambiaron tanto que más allá de los estadios llenos, de la calidad del césped, de los millones que generas y los ilustres invitados que acuden a verte, no te veo feliz. Qué te hicieron fútbol, ya ni siquiera te dejan gritar un gol, congelan tu festejo por varios minutos y hasta te echan un baldazo de agua fría.
Antes un árbitro central y dos asistentes lo resolvían todo, no tenían la tecnología ni otros ojos, antes las historias terminaban en noventa, no había mamarrachos de casi dos horas ni tecnología sospechosa, por ejemplo: en el trazado de líneas.
Te quiero fútbol y deseo que te salves, que no te maten con el argumento de la tecnología. Te hicieron demasiadas cirugías en busca de los millones que les interesa y mi pena es que no te reconozco.
Marco Tarifa es periodista.













































