“Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha”, dijo Diego Maradona cuando se despidió del fútbol en la Bombonera, el 10 de noviembre de 2001.
Diego debe estar revolcándose en su tumba. Cuando Maradona dijo eso, fue porque en la vida personal él se equivocó y fue hidalgo al reconocer aquello.
¿Qué pasa hoy? Esa pelota la está manchando la FIFA, y tiene un actor principal: Gianni Infantino. Este señor está mezclando la política y el negocio desmedido con el fútbol. Eso es grave y dañino y todos los vemos y escuchamos porque el mundo está totalmente globalizado.
Cuando todos pensamos que el fútbol, como todo en la vida, puede cambiar, nos encontramos con triquiñuelas que le están haciendo mucho daño a este hermoso deporte, y hasta los niños se dan cuenta, porque hay errores cometidos intencionalmente que no se pueden ocultar.
Si en sus orígenes el fútbol no permitía cambios de jugadores en un partido, las reglas de juego ahora lo permiten. Primero eran tres cambios, ahora son cinco. Y no está mal, porque los equipos pueden utilizar más jugadores, y en esto mucho tuvo que ver la pandemia.
También no está mal que haya llegado el VAR con el avance de la tecnología. Si antes hubiese existido el VAR, Inglaterra no habría sido campeón con un gol fantasma en el Mundial de 1966. Y en 1986 tampoco habría valido la famosa “mano de dios” del mismo Maradona.
Pero, pese al VAR, hoy seguimos viendo decisiones injustas en el campo de juego. Hecha la ley, hecha la trampa, dirán algunos.
Sin embargo, el negocio desmedido está por encima de la parte deportiva. La FIFA lo está volviendo un show mediático y se está enterrando la esencia del deporte.
Y lo peor, Infantino le ha abierto las puertas de par en par a la política, y todos sabemos que la política distorsiona todo en cualquier actividad. Nunca se había visto que el pedido de un presidente cambie las reglas de juego y un jugador expulsado haya podido jugar el siguiente partido sin problemas, de paso esto ha ocurrido en un Mundial. Este capítulo ya rompió los límites deportivos que había.
Esto debe tener un coto. Hay que ponerle freno a este oscuro monstruo que quiere manejar el fútbol, que no sólo vemos en el Mundial, sino también en nuestros campeonatos locales.
Es que la influencia política sólo va a distorsionar la imagen que tiene el fútbol porque ya no habrá campeones legítimos en cancha, ni torneos con credibilidad.
Algo hay que hacer. Pero vemos también que los tentáculos poderosos de la FIFA no van a permitir que el fútbol vuelva a ser como antes. Una pena. La pelota se mancha y, por ahora, nadie puede hacer nada.
Gustavo Cortez Calla es periodista.













































