Los 16 clubes de la División Profesional acaban de lanzar una insensata advertencia: la suspensión de sus competencias en caso de que la justicia falle en su contra en un caso puntual.
Aparentemente mal asesorados, los dirigentes están generando una inadmisible presión sobre los órganos judiciales a los que la propia Federación Boliviana de Fútbol (FBF) acudió para intentar proteger sus intereses ante un supuesto daño económico causado por la empresa propietaria hasta el año pasado de los derechos de televisación de sus torneos.
Ir a un litigio como lo ha propuesto la FBF es un derecho absolutamente legítimo, pero también es una obligación respetar lo que se resuelva en él, luego de llevado a cabo el debido proceso. Como en el fútbol, evidentemente el objetivo es ganar, pero las otras posibilidades reales son perder o empatar, por tanto, corresponde acomodarse a ellas.
De manera que está fuera de lugar la “absoluta firmeza” con la que los 16 clubes anuncian verse “obligados a paralizar de inmediato toda actividad futbolística en el país”, en caso de que “la justicia boliviana llegara a favorecer” a la empresa con la que sostienen el enfrentamiento.
Que haya o no existido daño o acto ilícito de parte de la antigua socia de la FBF y los clubes es algo que la instancia de justicia a la que se ha optado por acudir deberá resolver, la que determine qué lado tiene la razón, y lo tendrá que hacer en función de las pruebas que se puedan aportar desde ambas partes.
Los 16 clubes manifiestan, además, haber tomado conocimiento de las “desesperadas y descaradas maniobras de manipulación de la justicia” que habría emprendido la parte contraria. En el mismo comunicado se debió sustentar esa denuncia, tal y como marca la transparencia, en vez de solo utilizar el detalle como un simple encabezado. Definitivamente está fuera de lugar ejercer presión sobre los órganos judiciales con advertencias externas que pueden comprometer la independencia y la imparcialidad de tribunales y jueces, afectando la administración de la justicia.
Muy aparte de controversias trasladadas a los tribunales competentes, la FBF y los clubes tienen la misión principal de hacer fútbol y garantizar la competencia. Su reclamo actual no tiene que parecer un pretexto para interrumpir una temporada de por sí complicada desde su inicio tardío y golpeada por la ausencia de público en los estadios, además de la falta de ingresos que ha generado una dura crisis en la mayoría de los participantes, colapsando sus entrañas.
Los dirigentes tienen la obligación de resolver esos y otros problemas. Jugadores de la mayoría de los clubes reclaman por deudas salariales de varios meses que no son atendidas. Los procesos en la FIFA por incumplimiento de los clubes no son pocos.
Ante semejante realidad, incluso suena contraproducente la posición de los clubes, que aseguran defender a sus instituciones y sus trabajadores, a sus familias y a sus hinchas. Paralizando la actividad a la que se deben lo único que harían sería ocasionar un perjuicio mayor. El fútbol, en general, reclama una administración más eficiente y responsable.

















































