La única razón, desde mi punto de vista, por la que Wilstermann no merece descender es que jugó un torneo con las reglas claras desde un comienzo: cuando comenzó la Liga 2025, Aurora tenía -33 puntos y no había visos de que fuera al TAS. La apelación se dio recién en junio, meses después de iniciado el campeonato. Y el Tribunal Arbitral del Deporte falló cuando la competencia había concluido.
Esa clara afectación a Wilster —más allá de que el aviador hubiera sido el peor equipo de la temporada por haber sumado la menor cantidad de puntos que el resto— tendría que ser considerada por la Federación Boliviana de Fútbol (FBF) y por los clubes de la División Profesional para obrar en consecuencia. Si no lo hacen y solo velan por sus intereses estarían cometiendo una grave injusticia.
El problema de Wilstermann es que sus dirigentes no han sabido exponer sólidos argumentos capaces de demostrar el daño que se le puede ocasionar al club si lo mandan al descenso como víctima de un caso en el que jamás estuvo involucrado. En cambio, han utilizado ciertas ideas que hacen ver a esa prestigiosa entidad deportiva como si fuera insustituible, imprescindible o indispensable en el fútbol boliviano. Decir, por ejemplo, que las suscripciones de la televisión van a caer o que los demás clubes van a perder significativamente recaudaciones al no enfrentarse con el aviador es una actitud meramente engreída. Si fuera por eso jamás tendrían que haber descendido el propio Wilster y tantos gigantes en Sudamérica como el argentino River Plate, el brasileño Palmeiras, el chileno Universidad, el ecuatoriano Emelec o el peruano Alianza Lima.
Ese orgullo excesivo de los rojos, el creerse superiores a los demás, ser arrogantes, presuntuosos y petulantes no les va a conducir a nada bueno, por el contrario, les puede generar animadversiones y críticas adversas —de hecho ya las han recibido— que capaz que sepulten a la entidad definitivamente.
Al margen de ello, la FBF y los clubes tienen ante sí la oportunidad de enmendar los errores que cometieron al haber confiado la justicia deportiva en tribunales ineptos que han llevado al fútbol boliviano a un descalabro corregido por el TAS, que, con su resolución, necesariamente ha aplicado un fuerte jalón de orejas, una severa amonestación que obliga a los dirigentes nacionales a cambiar de rumbo. Allá ellos si eligen otro camino.

















































