Cuando el árbitro chileno Cristian Garay pitó el final en El Alto, los dos principales referentes y capitanes de la selección nacional, el zaguero Luis Haquin y el golero Carlos Lampe, se lanzaron al piso para celebrar y no pudieron evitar derramar lágrimas de emoción.
Lampe se había quedado con las últimas tres pelotas que lanzó Brasil en su intento por empatar en Villa Ingenio no irse derrotado, en la primera caída de su famoso entrenador italiano Carlo Ancelotti.
Haquin comandó de manera magnífica y ordenada la defensa que, salvo en los instantes finales, no pasó sobresaltos en el gran porcentaje del partido, dada la sobriedad con la que actuaron todas sus líneas.

Bolivia venció a Brasil por 1 a 0, un resultado que le da a la Verde la clasificación al repechaje, una oportunidad más para buscar la clasificación al Mundial 2026.
Instantes antes había terminado el encuentro en Maturín, donde Venezuela cayó a manos de Colombia (3-6). Ese tropiezo venezolano era también necesario para que Bolivia se abrace al objetivo.
Muy emocionado también estaba Roberto Carlos Fernández. Lloró en la cancha el ex Bolívar agradeciendo este momento de gloria.
En el banco de suplentes todos se abrazaban y también lagrimeaban. Entre ellos Guillermo Viscarra, otro de los guardametas de Bolivia, quien en esta doble jornada no tuvo la oportunidad de entrar a la cancha, pero en varios de los anteriores partidos fue pieza fundamental.
Probablemente ellos cuatro, además del zaguero José Sagredo, disfrutaron más que el resto esta jornada exitosa para el fútbol boliviano, al ser los “sobrevivientes” de frustraciones anteriores debido a que Bolivia siempre quedaba en medio camino en unas eliminatorias.

Los chicos también se unieron a esa alegría mojada, mezcla de lágrimas, gritos y sonrisas. Enzo Monteiro lloró desde que fue entonado el himno nacional, como también lo hizo en el final del juego Moisés Paniagua, quien a sus 18 años se ha convertido en el más chico de este grupo.
El “héroe” de varios partidos por sus goles, Miguel Terceros, pareció el más tranquilo de todos tratando de conservar la calma. “Ha sido el gol más importante que he anotado”, admitió ante la televisión oficial.
Frente a Brasil, la selección boliviana no jugó un partido deslumbrante, pero sí ordenado tácticamente. Defendió bien atrás y controló de manera adecuada en el medio sector. Y cuando fue necesario, luchó para cuidar la valiosa victoria y evitar que el rival lleno de pergaminos le hiciera algún daño.
En las tribunas la gente no quería irse mientras veía a los jugadores festejar merecidamente. Bolivia “sí pudo” conseguir el objetivo de avanzar al repechaje. En marzo jugará por la gloria más grande: volver a un Mundial después de 32 años.
















































