1950
Sede: Brasil
- Después de 12 años sin competencia por la Segunda Guerra Mundial, el Mundial retorna a Sudamérica y Argentina se ausenta por segunda edición consecutiva.
- El éxodo de jugadores por la huelga de 1948 y las diferencias políticas con el país organizador fueron las razones principales de la deserción argentina.
- Uruguay volvió a jugar después de 20 años y levantó su segunda Copa del Mundo tras el histórico “Maracanazo” liderado por el mediocampista Obdulio Varela, primera gran historia de leyenda de la competencia FIFA.
- Un gol decisivo de Alcides Ghiggia silenció a los más de 200.000 brasileños que ya se sentían campeones con el empate parcial a 11 minutos para el final.
- Por la baja de muchos seleccionados, sólo hubo 13 participantes y si bien en la historia se recuerda el Brasil-Uruguay como una final, se trató de la única edición definida con formato de cuadrangular.
El estallido de la Segunda Guerra Mundial hizo que el campeonato del mundo acabara sepultado entre los escombros desde 1938 hasta 1950. Fue una época muy gris para el deporte en general y el fútbol no iba a ser una excepción. Intentando amenazar a la situación del momento, la FIFA decidió organizar el cuarto Mundial de la historia en 1942 con las posibilidades de la Alemania nazi, Argentina y Brasil como sedes. Sin embargo, esa edición llegó en 1950 de la mano del país brasileño.
Después de varios años de que finalizara el conflicto bélico más devastador de la historia, el fútbol volvió a resurgir con todo su esplendor y en el Mundial de 1950 una selección se iba a coronar como la reina del mundo: Uruguay, que logró de esta forma hacerse con su segundo campeonato del mundo.
La final de Brasil ’50 es recordada por siempre, ya que la selección uruguaya logró imponerse de forma espectacular a la anfitriona en uno de los estadios más importantes del momento, el Maracaná. La celeste ganó contra todo pronóstico a la verde-amarela por 2-1 en un encuentro que fue bautizado como el Maracanazo. Por primera vez un Mundial pasaría a los libros de historia por ser uno de los más emocionantes.

El goleador
Ademir está considerado como uno de los mejores delanteros de la historia del fútbol. Marcó nueve goles durante el Mundial gracias a su velocidad y a sus cambios de ritmo cuando pisaba el área. Su prominente maxilar hizo que le pusieran el apodo de ‘Queixada’, que significa ‘mandíbula’.
El estadio
El Jornalista Mário Filho, más conocido como Maracaná por el barrio de Río de Janeiro donde se ubica, es el quinto estadio más grande del mundo. En la final del Mundial de 1950 llegó a albergar a 203.850 espectadores. Cuando se disputó el primer partido del Mundial, los accesos al estadio y los vestuarios todavía estaban en obras, las cuales se completaron al año siguiente.
El personaje
Schiaffino, conocido popularmente como El Pepe, fue elegido mejor jugador del Mundial. Suyo fue el primer gol de Uruguay ante Brasil. Durante muchos años se le atribuyó el récord de haber marcado cinco goles en el 8-0 a Bolivia, pero él mismo lo negó en el Mundial de Estados Unidos de 1994. “¿De que récord me hablan? Yo hice solamente dos goles ese partido. Los otros me los están regalando”, aseguró.
La renuncia
Nuevamente Argentina se quedó sin jugar un Mundial debido a las diferencias existentes entre la Federación Argentina y la Confederación Brasileña de Fútbol. En 1949, Argentina renunció a participar en el Campeonato Sudamericano organizado por Brasil, por lo que la CBF prohibió a los equipos brasileños disputar partidos contra los argentinos. La AFA declaró la guerra a Brasil y decidió no inscribirse para el Mundial.
La decepción
Inglaterra. Los inventores del fútbol jugaban por primera vez en su historia un Mundial y sólo pudieron ganar un partido en todo el torneo. Dejaron buenas sensaciones en su debut ante Chile, pero cayeron derrotados por la mínima ante Estados Unidos y ante España.
La sorpresa
La selección charrúa no se amedrentó ante Brasil a pesar de tener en contra a 203.850 fanáticos del fútbol. Con garra y buen juego profanó el templo sagrado del fútbol brasileño, derrotando por sorpresa a un anfitrión que pagó muy caro su prepotencia.