Elisa Montero, esposa del seleccionador argentino Lionel Scaloni, le puso cara de “qué estás diciendo”, según lo manifestaba él mismo en la conferencia de prensa posterior al resonante triunfo contra Inglaterra que metió a la Argentina en la final de este mundial 2026, aplastando a la selección de los tres leones que se atrevió a algo que ni Paraguay hizo: Defender con todos sus jugadores en el área chica, para que Messi se visibilizara también como genio de los centros a la olla, uno de los cuales le dio la chance a Lautaro Martínez de anotar el gol del triunfo, cabeceando entre el lateral Reece James y el central Marc Guéhi.
Cuando Scaloni comparecía ante el periodismo, había afirmado segundos antes de que su mujer le hiciera ese gesto de desconcierto, que sus jugadores son indios, que lo afirmaba en el “buen sentido” y para clarificar el contexto de su expresión remató: “Estos jugadores se han criado en las condiciones más extremas, son como indios, no temen a nada.”
Muy lejos de las expresiones despreciativas de sello racista que han abundado en el transcurso de este mundial, sobre todo con los reflectores puestos en los futbolistas de origen afro de distintas nacionalidades, la palabra indio sirve aquí para significar cómo es posible reconocer los trayectos vitales emprendidos desde la desigualdad y las carencias hasta revertir dichas condiciones de vida, merced al talento y a virtuosismos de varios espesores. Basta escuchar a Lisandro Martínez para saber que en su infancia pasó hambre, y que hoy emite criterios políticos explicitando posición y compromiso con las causas populares.
Días previos a la semifinal en que Argentina volvió por sus fueros a jugar desde el fondo con pelota dominada —Cuti Romero sale gambeteando a dos adversarios desde su propia área— Carlos Tévez, ídolo de Boca Juniors que comenta los partidos para la cadena ESPN, contó que a estas alturas de su vida, ya en condición de entrenador, sólo es capaz de jugar un picado o un partidito en Fuerte Apache, la zona marginal bonaerense desde la que surgió para llegar con los años a consagrarse en la Bombonera. Del barrio de sus orígenes salió su sobrenombre: Apache. Y es que Tévez es la personificación de ese indio al que se refería Scaloni para definir con una sola palabra a los futbolistas que dirige y por los que expresa, emocionado, siempre al borde de las lágrimas, su admiración por una calidad humana que en las altas horas de celebración pasa por las lecturas que declaran a este equipo como épico o epopéyico.
Digámoslo en clave rioplatense: Argentina la rompió frente a Inglaterra. Puso contra las cuerdas a la selección de los Ricardos corazones de leones, esos monarcas en los que está inspirado su escudo, ayudados por el garrafal error táctico de repliegue total, determinado por el seleccionador alemán Thomas Tuchel, que decidió cerrar el partido apenas anotó la apertura del marcador (minuto 54), gracias al doble desacierto de los laterales Tagliafico y Molina, el primero por mal despeje y el segundo que se dejó ganar las espaldas de manera elemental por Anthony Gordon.
Como si Argentina necesitara ir perdiendo para activarse, volvió a demostrar por cuarto partido consecutivo cómo se hace para imponer superioridad ante la adversidad, esta vez, recuperando la calidad de su juego y convirtiendo a sus rivales en un puñado de desesperados que cifró su esperanza en que su guardameta Jordan Pickford se erigiera en el milagrero de la jornada: Tres atajadas de gol contra dos anotaciones producto del incontenible asedio sudaca.
Estos indios ya lo han dado todo. Si no ganan la final, ningún exitismo podrá contra la gratitud que han sabido generar en este lustro, defendiendo su prestigio con la posesión de la pelota, con una identidad de juego trabajada partido a partido, y con el acrecentamiento de un coraje incomparable, pues en ese sentido no hay otra selección que pueda igualarla.
Argentina enfrentará a una atildada España en una final hecha a la medida de quiénes abrazan el juego de posesión. La selección del relajado Luis de la Fuente tiene que saber que enfrentará a esa albiceleste en que talento, garra y memoria histórica se han convertido en una amalgama que nos está permitiendo ser testigos de lo creíble que es lo increíble: Messi a los 39 años es el conductor de los tiempos y espacios para que sus compañeros puedan expresar sus mayores virtudes. Dicen que es el más grande futbolista de todos los tiempos, pero si para algunos no llega a eso, es el que más tiempo ininterrumpido ha hecho felices a millones de futboleros que son testigos de sus andanzas desde que debutara con la camiseta del Barcelona el 16 de octubre de 2004.
Julio Peñaloza Bretel es periodista, autor de la columna Fútbol y punto.















































