Argentina necesitó del alargue para acabar con su sufrimiento para vencer in extremis a Cabo Verde por 3 a 2, este viernes en Miami, donde firmó su clasificación a los octavos de final del Mundial 2026, y donde estuvo a punto de ser eliminada.
La campeona defensora del mundo tuvo que extremar recursos para imponerse a una luchadora selección africana que rozó la hazaña y estuvo demasiado cerca de protagonizar la mayor sorpresa de los Mundiales de fútbol.
El arquero Vozinha y sus compañeros fueron una verdadera pesadilla para Lionel Messi y compañía. Los argentinos terminaron asustados al darse cuenta de lo cerca que estuvieron de ser humillados por una selección debutante, que por poco no la sacó de la Copa en dieciseisavos del Mundial.
Argentina tardó casi media hora en anotar el primer gol. Messi firmó con una gran definición su vigésimo tanto en la historia de los Mundiales y el séptimo del torneo en Norteamérica, en el que es el máximo anotador.
Pero no fue suficiente. Cabo Verde se alzó sin respeto frente a las estrellas albicelestes y empató a los 59’ por intermedio de Deroy Duarte, luego de una buena internación al área por la derecha.
El increíble 1 a 1, cuando todo el mundo pensaba en una fácil resolución de la Albiceleste, duró hasta los 90 minutos y la adición, provocando el impensado alargue.
Para llegar hasta ahí, Vozinha se convirtió en figura con al menos un par de estupendas atajadas, sino más, frente a Messi, a quien le sacó un mano a mano y por lo menos le atajó un tiro libre.

El tiempo extra comenzó con un gol tranquilizador convertido por Lisando Martínez en el segundo minuto del primer periodo (92’ en total).
Pero el drama argentino parecía no tener fin por la decisión de los caboverdianos de ir por más, lejos de rendirse ante la campeona.
El público argentino volvió a ser silenciado con probablemente el mejor gol de la Copa hasta el momento, una extraordinaria definición de Sidny Lopes Cabral a los 103 minutos con un magnífico derechazo desde un costado del área grande que hizo inútil la estirada del Dibu Martínez.
Argentina tuvo que asimilar otra vez un trago amargo. El equipo, ayudado por la experiencia de sus jugadores, debió remar de nuevo para no quedar en vergüenza, y Cristian Romero fue el salvador, de cabeza, al convertir el gol del triunfo, aunque para la FIFA fue un autogol de Diney a los 111 minutos porque la pelota le dio en la mano cuando iba camino a superar a Vozinha.
Los argentinos sintieron por fin alivio cuando el árbitro pitó el final. Es que estuvieron a nada de quedar fuera de la Copa en la que su objetivo es llegar de nuevo a la final. Lo que viene para ellos ahora es octavos ante Egipto.
Mientras que los caboverdianos, algunos llorando por la caída, seguramente no olvidarán nunca este que fue el partido de sus vidas, en el que demostraron al mundo que un país africano ha comenzado a escribir una historia grande en los libros de los Mundiales.













































